El 18 de marzo de 2016 es tristemente recordado por la firma entre la Unión Europea y Turquía del llamado ‘Acuerdo de la Vergüenza’. A cambio de 6.000 millones de euros y de la promesa de acelerar el proceso de integración de Turquía en la Europa de los Veintiocho (Veintisiete en cuanto se confirme la salida de Reino Unido), Ankara se encargaría de frenar el flujo migratorio de refugiados desde sus fronteras. Al mismo tiempo, Bruselas se comprometía a reasentar a un sirio por cada refugiado devuelto a Turquía.

Un año después, el balance es polémico y las asociaciones de derechos humanos desconfían tanto del gobierno turco de Erdogan como del estatus de Turquía como “país seguro” de acogida, tras el golpe de Estado, los atentados y la deriva autocrática del país otomano.

Llegada de refugiados a la isla de Lesbos. Noviembre de 2015. FOTO: Jodi Hilton

Menos muertes en el Egeo y mayor parálisis en el Mediterráneo

Tras su entrada en vigor, el número de refugiados llegados a costas griegas se ha reducido considerablemente, y en consecuencia, el número de fallecidos en esa zona del Mediterráneo. La Organización Internacional para las Migraciones (OIM), en su último informe, registra un descenso del 97% en el número de llegadas a Grecia en enero de 2017 en comparación con el mismo período del año anterior. Además, la misma fuente habla de un descenso de los fallecidos en aguas del Egeo, de 1.110 a 70.

Por ello, la Unión Europea ha valorado trasladar el contenido del acuerdo tanto a Libia como Egipto, si bien la situación del gobierno de Trípoli no es la idónea para garantizar su cumplimiento. De hecho, el cierre de la ruta desde Turquía ha reconducido gran parte del flujo migratorio hacia el Mediterráneo Central, en donde la situación es tan crítica hoy como lo era hace un año. Sólo en 2016 murieron más de 5.000 personas mientras trataban de alcanzar las costas italianas, a las que se suman las 181.000, entre refugiados y migrantes, que utilizaron esta peligrosa ruta el año pasado.

Ningún refugiado sirio ha sido devuelto a Turquía

Por otro lado, el acuerdo tampoco ha contribuido a mejorar la situación de los refugiados que ya estaban en territorio comunitario antes de su firma. En Grecia, más de 60.000 continúan hacinados en campos de refugiados a espera de regularizar su situación. Además, ninguno ha sido devuelto a Turquía, tal y como contemplaba el acuerdo, aunque casi un millar de personas han optado por regresar tras serles denegado el asilo. Respecto a la liberalización de visados, otro de los aspectos clave de la negociación con Ankara, sigue sin haber noticias.

Antes, durante y después de conocerse el contenido del pacto entre la Unión Europea y Turquía, multitud de asociaciones de refugiados y pro-derechos humanos han denunciado ante los tribunales su contenido, calificándolo como acuerdo ilegal y profundamente dañino para las condiciones de los refugiados. Claman, además, porque la UE deje de negociar con Ankara (que, por cierto, ya ha amenazado con revisar el contenido del pacto) y opte directamente por garantizar, de manera decidida y responsable, el derecho de asilo en Europa.

NOTA: Tanto la fotografía de cabecera (Daniel Mihailescu, AFP) como la del artículo (Jodi Hilton) pertenecen a sus autores. Su utilización no persigue beneficios económicos y sus derechos pertenecen a sus respectivos propietarios.
Anuncios