El silencio y la paz de la playa de Mataró sólo se ven interrumpidos por el rugir de los trenes y los pasos tímidos de los viandantes: familias y parejas que salen a pasear disfrutando un domingo por la mañana de su descanso y libertad. Pero no todos tenemos esta libertad: girando la cabeza a la derecha tenemos el Mediterráneo, nuestra mar, que en los últimos años se ha teñido de rojo ante una de las peores crisis humanitarias de la historia reciente (con más de cinco mil muertos en naufragios en el pasado 2016). Pueblos enteros huyen del terror y de la guerra, y algunas personas como Abo Baker Yarmouk, 23, que observa el mar con melancolía, lo han conseguido no sin sus sacrificios.

”Quiero demostrar a la gente que soy una persona normal. Estoy estudiando, puedo hablar el 40/50% del catalán, y puedo entender y aprender mucho. En muchos casos por ser refugiados se nos mira mal si queremos hacer cosas; el problema es tratarnos como a un problema”, cuenta Baker, refugiado sirio residente en Mataró desde hace ya ocho meses, sentado en los restos de un tronco tallado sobre las rocas del puerto, bajo la caricia del sol y el viento y el murmullo de las olas de este Mediterráneo trágico que ha separado a tantas familias como la suya: ”Mi hermano está atrapado en Grecia, mi hermana está casada en el Líbano y mis padres siguen en Siria. Eso son cinco personas en cuatro países, gracias a que a los gobiernos no les importa. Puede que nos encontremos de nuevo mañana, dentro de cinco años, dentro de veinte, o quizás nunca lo hagamos”.

Después de todo, todos somos personas. El sol rebota en la sudadera Volcom de Baker, que actúa, viste y habla como cualquiera de nosotros más allá de este estigma. Para él, el poder de movilización lo tienen las personas, que ayudan sin pedir nada a cambio, y no los gobiernos y estados, que lanzan promesas vacías pero a fin de cuentas actúan acorde a sus propios intereses: ”Yo no creo en los gobiernos. Entre todos están sustentando esta guerra y no están haciendo nada para ayudar. Aquí en Catalunya, con las promesas para la acogida de refugiados en un estado independiente, creo más en las personas independentistas, que son las que lo harían. Ni la Generalitat ni los ayuntamientos han hecho nada por mí. Son las personas las que me han hecho llegar aquí. El gobierno -de la Generalitat- sólo culpa al español pero no actúa para hacer de esta acogida una realidad”, cosa que parece ser cierta viendo que la manifestación de febrero de Casa Nostra, Casa Vostra no ha tenido efecto alguno todavía.

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Nos detenemos un momento para apreciar los grafitis en soporte a la causa de los refugiados. Foto: Quico Gil

Mucho se ha hablado de las duras condiciones en los campos de refugiados, condiciones infrahumanas como las que vio Baker en Grecia, donde trabajó como traductor del árabe al inglés: ”Yo estuve allí seis meses, ahora la gente se queda allí atrapada un año o más. Cuando estás en un barco con cincuenta personas, no puedes moverte ni puedes hacer nada. Cuando estás en un campo de refugiados, es el mismo sentimiento: estás allí, pero no puedes viajar ni salir. Allí tienes que ver las mismas personas cada día, tienes que hacer colas de tres horas para comer lo mismo de cada día; tienes que visitar los mismos sitios cada día”.  Este momento de transición entre la barbarie de la guerra y la posibilidad de construir una nueva vida en Europa deja mucho que desear para los refugiados: ”Dejamos Siria, a nuestras familiar, cruzamos el mar y varias fronteras para encontrar el rechazo de la Unión Europea. Aunque había llegado a Grecia, sentí que seguía en Siria”.

ISIS: Una máquina de generar terror bien engrasada

Debido a la mala acción de los medios, la población europea no comprende bien las implicaciones de la guerra en Siria confundiendo la identidad de los distintos bandos como los rebeldes, el gobierno dictatorial de Bachar Al Asad o el omnipresente Estado Islámico (DAESH). Baker cree que esta confusión interesa a los gobiernos occidentales, así como la propia existencia del grupo radical islamista: ”ISIS ha sido creado por América, por Rusia, por el gobierno sirio. Los rebeldes han hecho muchas cosas mal, pero no actúan como ISIS y no deberían ser confundidos. ISIS surgió de la nada tres años después de empezar la guerra, y si realmente fueran coherentes con su mensaje radical islamista irían en contra del gobierno sirio. Sin embargo, masacran a civiles sin motivo. Los ejércitos occidentales podrían acabar rápido con ISIS, pero les dejan campar a sus anchas por Siria. Además, la financiación y las armas les llegan de Arabia Saudí y de varios otros países. Esta guerra no termina porque occidente no quiere que termine”.

Una de las raíces del problema, más allá de la desinformación y el cultivo del miedo en la población, parece ser la desconexión entre  los pueblos, su gente y los intereses de los gobiernos: ”Aunque lo que prometa un político sea bueno y creas en él, si el país quiere seguir conectado en las comunidades internacionales tiene que ceder y aceptar las mismas decisiones que el conjunto”. La respuesta, por tanto, tiene que pasar por reformar la Unión Europea ”cambiando todos y cada uno de los gobiernos que están permitiendo que estas cosas pasen”. Este cambio debe manifestarse a través de la gente, porque en el fondo nuestros límites los imponemos nosotros mismos: ”Yo no creo en los límites. En Grecia me enseñaron que las fronteras eran mis límites, pero los he superado y he llegado aquí. No gracias a Grecia, ni a la Unión Europea, sino gracias a las personas que he conocido, que son mucho más importantes que los gobiernos. Estas personas no hacen grandes ruedas de prensa anunciando que van a acoger, simplemente lo hacen. Lo que el gobierno debería hacer”.

”Sols el poble salva el poble”.

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La mirada de Baker se pierde en el mismo Mediterráneo que se ha convertido en la tumba de miles de sirianos. Foto: Quico Gil

Conoce a Baker (Entrevista de Médicos del Mundo España)

Audio completo de la entrevista (en inglés)