Esta es la historia de Tatiana Kulish Polyanskaya (Ucrania, 1977), una mujer luchadora que a principios de siglo decidió dejar la pobreza de su país para buscar mejores oportunidades en España. Muchos años después, no piensa en volver, pero las circunstancias han hecho que siga con intensidad todo lo que está sucediendo en su tierra natal

En una noche apetecible de domingo, a principios de primavera, después de varios días en los que la lluvia ha caído en tromba, me reúno con ella en una humilde taberna de Lliçà d’Avall, el pueblo en él que reside, cerca de Barcelona. Para amenizar la entrevista pedimos dos refrescos y unos ‘snacks’. Me cuenta que ella ha hecho pocas entrevistas en su vida, por lo que se siente un tanto nerviosa, pero también expectante.

Tatiana nació en la Ucrania soviética, en una pequeña ciudad llamada Stajanov (en el óblast de Lugansk, al sudeste del país). Su historia podría ser como otras de las muchas que tienen por contar miles de personas que emigraron del este al oeste, cuando la URSS se diluyó en 1991. Pero ella no se ha olvidado de su tierra; al contrario, está “más preocupada que nunca”, ya que su padre, de 64 años, sigue allí y “no tiene un muy buen estado de salud”.

Rememora su infancia, eran los tiempos de la URSS. “Me críe en Stajanov, mis padres eran obreros, se dedicaban a vender fruta y yo les ayudaba siempre que podía. Tenía libros para el colegio, no tenía que sufrir por las cosas básicas cómo la comida o la sanidad, eran otros tiempos…”, recuerda con un rostro visiblemente enojado.

“Me críe en Stajanov, mis padres eran obreros, se dedicaban a vender fruta y yo les ayudaba siempre que podía. Tenía libros para el colegio, no tenía que sufrir por las cosas básicas cómo la comida o la sanidad, eran otros tiempos…”

En 1991, la URSS se diluyó y todas sus repúblicas federales se independizaron. “Con los ahorros que teníamos de toda nuestra vida, sólo nos podíamos permitir unos kilos de embutido al independizarnos, y años atrás cuando eramos soviéticos podíamos comprar hasta un coche con esa cantidad de dinero”, me cuenta en un español fluido, claramente influido por su origen, especialmente en pronunciar las vocales abiertas. No le quedó otro remedio que buscarse la vida por sí sola.

Un futuro fuera de Ucrania

Ella tenía 22 años, era 1999, y en Ucrania no tenía apenas futuro si quería ganar el dinero suficiente para vivir cómodamente. Así que emigró a la capital del ya país vecino Rusia. “En Moscú trabajé un año en el sector textil, de operaria y vendedora, no ganaba mucho, pero era mejor que de donde venía”. Sin embargo, pronto se dio cuenta que el panorama moscovita no era muy diferente al de Lugansk. Además, el mismo año en el que llegó, se produjeron los atentados de Moscú de 1999, unas explosiones en varios edificios que dejaron 293 muertos. “Un edificio explotó a escasos metros del bloque en el que vivía, fue una de las peores experiencias de mi vida”, nos cuenta. Decidió volver a Ucrania, dónde la situación había mejorado ligeramente, con algunos ahorros que había ganado en Rusia.

Su padre, Alexsandre Kurish, un hombre muy importante en la vida de Tatiana, le habló de Italia, ya que la hija de una compañera suya había emigrado allí y al parecer no le iban mal las cosas. “El sur de Europa era una buena opción, busqué y me decidí por España”.

El 1 de julio del año 2001 se embarcó en un viaje del que aún no ha regresado a su tierra natal. “Salí de la ciudad de Chernovshy, en autobús. Eramos 14 personas. Atravesamos Polonia, fue eterno. Luego paramos en Berlín, dónde mucha gente se bajó para ir a Grecia. Continuamos bajando por Francia para por fin conseguir llegar a España”. Fueron seis días de viaje, un 7 de julio llegó a la ciudad condal.

“Llegé sin nada y al principio limpiaba en algunas casas para ganar un poco de dinero, pero los primeros meses fueron muy duros, especialmente cúando tuve que acudir a Cruz Roja para que me dieran de comer”

Una vez en Barcelona no tenía dónde ir. Quería ganar dinero como fuera, y empezó a trabajar en la limpieza de hogares. “Llegé sin nada y al principio limpiaba en algunas casas para ganar un poco de dinero, pero los primeros meses fueron muy duros, especialmente cúando tuve que acudir a Cruz Roja para que me dieran de comer”. Sú primer trabajo estable fue en Rubí. Allí consiguió compartir un piso con otra persona y empezar a enviar dinero por correo a sus padres. Unos años más tarde, viviendo en Vallvidreres, muy cerca de Barcelona, conoció al que sería su esposo y padre de su única hija, que nació en 2006. “He formado una família aquí, tengo un hogar y un trabajo, nos podemos ir de vacaciones, mi hija estudia en una escuela decente y soy más feliz que cuando llegué”.

Aún con un ojo puesto en su país

Por el momento no piensa en volver a Ucrania. Los óblasts de Donetsk y Lugansk, este último la región de procedencia de Tatiana, se intentaron independizar del estado de Ucrania. Esto desencadeno en un conflicto entre el estado ucraniano y las fuerzas independentistas, también llamadas prorrusas, que se ha llegado a catalogar de guerra civil. “Es un conflicto que viene del siglo pasado, cuando la URSS se diluyó y nos convertimos en un país, en Ucrania todo escaseava, y surgieron los primeros movimientos nacionalistas en mi región, Lugansk, y en Donetsk”, explica.

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Fotografías de proyectiles sin explotar que Tatiana me muestra para corroborar los bombardeos que recibe la población de Stajanova

La población de Lugansk se enfrenta a los bombardeos por parte del ejército ucraniano, que intenta debilitar las fuerzas pro rusas, las cuales luchan por la independencia de este territorio. El último, el 11 de marzo de este mismo año. Tatiana saca el teléfono móvil y busca en la galería unas fotos. Me la smuestra. En ellas aparece un proyectil incrustado en el suelo. Deduzco por la nieve que es Ucrania. “Es Stajanov, cerca de casa de mi padre. La hizo un compañero mío y me la mandó”, me aclara. La espectacularidad de aquellas instantáneas, además de su simplicidad, me sorpendió. Le pregunté entonces si, ante ese panorama tan peligroso e inesperado, ha podido trasladar a sus padres hacia España junto a ella.

“Quiero que el conflicto se solucione cuanto antes, especialmente por mi padre y los familiares que tengo allí, pero ya tengo mi vida aquí y no quiero irme de Cataluña”.

Me comenta que consiguió traer a su madre aquí, sin embargo su padre no pudo por motivos de salud. “Hablo con él mediante Skype, me cuenta que cada vez que hay un bombardeo tienen un sitio dónde refugiarse en su bloque de pisos. Estamos muy preocupados”. Le envía dinero mediante servicio postal, aunque cada vez es más difícil porqué los ucranianos han rodeado el óblast de Lugansk y no dejan entrar mercancías.  “Quiero que el conflicto se solucione cuanto antes, especialmente por mi padre y los familiares que tengo allí, pero ya tengo mi vida aquí y no quiero irme de Cataluña

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Otra toma del proyectil sin explotar, cerca de casa del padre de Tatiana, en Stajanova (Lugansk

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