A las 7 de la tarde las dependencias de la librería Laie, en Barcelona, están tranquilas. En las entrañas del edificio, alguna que otra alma inspecciona la gran amalgama temática que ofrece el lugar, ojeando los estantes repletos de libros que alimentan la mente sobre sociología, filosofía y distintas literaturas. No falta la columna dedicada al estudio de la comunicación, donde las ya antiguas teorías comunicativas acumulan el espacio que algún día será liberado por algún estudiante universitario en busca de apuntes. Entre las obras, el nombre de Pascual Serrano y su obra ‘Desinformación’ es presente, así como los libros de estilo de grandes medios como ELPAÍS o Rtve.

En el centro neurálgico de la librería, una treintena de sillas rodean una mesa rectangular vacía situada a escasa distancia de una pantalla y un proyector. A unos pocos metros, se alzan las obras catalogadas como ‘estudios internacionales’, donde hay presencia de libros como ‘Yihad Made in Usa’ de Mohammed Hassan, diplomático etíope que reflexiona sobre las caras ocultas del terrorismo internacional y de los crecientes beneficios chinos en África.

Encima de la mesa se inclinan solitarios 3 carteles de papel. En el primero, situado a la derecha del mueble, está escrito el nombre del periodista Agus Morales, en el centro, la de la comunicadora Mónica Terribas y, finalmente a la izquierda, junto a una gran pantalla, la de la fotógrafa Anna Surinyach.

Quién diría que, en 30 minutos, aquella diminuta sala repleta de libros pero vacía de personas, se llenaría al completo para asistir a la presentación del libro ‘No somos refugiados’. Como más tarde indicaría Terribas, un libro cuyo autor es Morales pero cuya alma es de Surinyach. Un trabajo compuesto por 5 capítulos que pretenden representar el camino de los refugiados hacia una vida mejor.

 Pronto, el proyector empieza a resaltar imágenes. Imágenes que reflejan tristeza. Imágenes que reflejan esperanza. Imágenes que cuentan historias. Unas historias que caminan. Que nadan. Que cruzan fronteras. Algunas mueren. Otras viven. Pero sin duda estas historias quedarán reflejadas en las páginas del libro que, tras 7 años de trabajo, 200 entrevistas y el viaje a más de 17 países, formarán un collage de vivencias con una característica en común: Las personas.  Personas que huyen del hogar para salvar la vida, para buscar un futuro mejor para sus familias. Historias procedentes de Sudán del Sur, del Tíbet, de Oriente Medio, pero también de México o de las peligrosas travesías en el mediterráneo para llegar a Europa. Un mar que ya se ha tragado más de 5.000 vidas.

Un libro sobre vidas e historias en movimiento, pero que han sido etiquetadas por nuestra sociedad, ya basada en la catalogación de las personas. Etiquetas que simplifican una realidad compleja en un intento desesperado de asimilar un mundo difícil. ‘’El libro hace una mirada constante sobre las personas en distintas localizaciones geográficas’’, aclara Agus. Porque aquí, ‘’la palabra refugiado es de consumo occidental’’, reitera el periodista.

La portada del libro toma la forma de un pasaporte o de un permiso de asilo, con el sello ‘Denegado’. Representación ejemplar del comportamiento de las instituciones europeas ante esta crisis del no refugio. ‘’El tema del libro es la injusticia’’, replica Agus, ‘’en Europa se está construyendo la imagen del refugiado como un enemigo’’, lo que provoca el endurecimiento de las políticas de seguridad y de asilo al extranjero. Todo porque olvidamos lo más importante. Un hecho que se remite al título del libro: ‘’No somos refugiados’’, básicamente, porque ‘’somos personas’’.

‘’La crisis de los refugiados es una etiqueta que nos inmuniza cada vez que vemos las noticias’’, explica la veterana periodista de TV3. Cuantas imágenes habremos visto de bombardeos en Siria o Irak. Cuántas fotografías de rescates habremos visto en nuestras aguas. Un bombardeo informativo que provoca una sensación de insensibilidad e inacción hacía lo que pasa en el mundo. ‘’Mi intención era la de pasar esas situaciones del plasma a la piel’’, recalca el autor. Una transición narrativa acompañado por las ilustraciones de Anna, cuyas fotos ‘’intentan dar más dignidad a estas personas’’, cuenta la fotógrafa. Por este motivo el libro es necesario.  Es el periodismo que algunos llaman ‘Slow Journalism’, periodismo lento, de reflexión.

Porque el mundo no se puede comprender con los 40 minutos de los telediarios. Sino con las historias bien contadas. ‘’No he visto un mundo donde gana la guerra, he visto un mundo donde ha perdido la paz’’, dice Morales en referencia a los eternos conflictos del siglo XXI. No hay victorias, solamente existe la derrota de aquellos que son obligados a huir de casa.

Por este motivo, ante estos tiempos difíciles, el buen periodismo es más necesario que nunca. Para recordarnos que hay conflictos más allá de Siria. Para recordarnos que los refugiados son más que cifras o fotografías. Para recordarnos que son seres humanos y que por lo tanto, deberían ser tratados como tales.

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