Cientos de miles de refugiados sirios siguen atrapados en Grecia, en campamentos, con mucho tiempo pero sin nada que hacer, generando profundas depresiones en estas personas. Con esto, muchos han intentado quitarse la vida en los últimos meses, sea intentándose quemar a lo bonzo o abusando de drogas como Shisha, conocida popularmente por los griegos como ‘la matapobres’ por ser barata y por su popularidad entre las clases populares (a las cuales se han incorporado también los recién llegados refugiados).

Sea en tiendas o en módulos de metal/contenedores de acero, los refugiados se encuentran en una situación precaria en la cual no tienen oportunidad de retomar sus vidas ni de reformar su sentido de comunidad. La llegada a Europa, por supuesto, no ha sido como ellos esperaban, gastando todos sus ahorros para quedarse allí atrapados, sin poder ir a otros países europeos y sin ni siquiera la posibilidad de regresar a Siria. Hace unos días el papa Francisco comparaba los campos de refugiados con los campos de concentración nazis.

Dos hermanos en un campamento de Turquía. Fotografía: Agencia EFE

Esta situación viene como consecuencia directa del pacto UE-Turquía que hace un año se presentó como la alternativa que salvaría el máximo de vidas posibles, promesa desmentida y denunciada recientemente por un informe de Médicos Sin Fronteras. La tendencia suicida de los refugiados se ha extendido también a los niños, ya que como ha informado Save the Children, han aumentado las autolesiones entre menores de 9 años y ha habido varios intentos de suicidio entre niños de 12 años.

En los últimos tres años (desde 2014) se estima que la Unión Europea ha gastado 17 billones de euros en control de fronteras y políticas antimigratorias: para reducir la llegada de refugiados al viejo continente.

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