Los relatos sobre la huida de hombres, familias y pueblos enteros perseguidos en su propia tierra son casi tan antiguos como la humanidad. A lo largo de los siglos, millones de personas han cruzado fronteras hacia un lugar seguro, vagamente intuido al otro lado del horizonte. Algunos han vivido para contarlo.

Los orígenes de la cultura mediterránea, los mitos fundacionales de la sociedad moderna, están recogidos en obras literarias y sapienciales repletas de personajes que huyen. En el Corán, el profeta Mahoma se refugia en la ciudad de Medina ante la hostilidad de su propia tribu, los Quraysh, contra el mensaje del Islam. En el Nuevo Testamento, los evangelistas narran el viaje de la familia de Jesús para escapar del decreto de Herodes. En la Eneida, Eneas huye de una guerra en Oriente Medio, cruza el Mediterráneo y recala en las costas de Italia, donde funda una dinastía que dará lugar al Imperio Romano.

Las historias de refugiados son una constante histórica hasta llegar al día de hoy. El siglo XX, el de los grandes conflictos mundiales, ha dejado a su paso un reguero de destrucción, violencia y desplazamientos forzosos de millones de personas que los historiadores y los escritores han tratado de reconstruir.

En septiembre de 1922, centenares de miles de refugiados griegos se agolpaban en el puerto de la actual ciudad turca de Izmir. Escapaban del ejército turco, que los acusaba de favorecer la causa aliada en la Primera Guerra Mundial y, al fin y al cabo, de ir contra los intereses del país. La violencia de las fuerzas armadas otomanas provocó la muerte de muchos de ellos. Giles Milton narra en Paradise Lost: Smyrna 1922 las consecuencias de este desastre: 1.300.000 griegos ortodoxos fueron expulsados de Turquía y 350.000 musulmanes griegos tuvieron que abandonar sus hogares a la fuerza.

La historia de España también está plagada de huidas forzadas por la amenaza de la violencia. En Quan érem refugiats, por ejemplo, la escritora y política comunista catalana Teres Pàmies (1919-2012) narra las penurias de los refugiados de la Guerra Civil, que al cruzar la frontera se dieron cuenta de que la Francia de la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad se había convertido en un régimen completamente rendido a la voluntad de Hitler.

Los años de la alemania nazi y el Holocausto nos han legado múltiples testimonios marcados por el horror y la violencia. En la obra monumental La destrucción de los judíos europeos, el historiador Raul Hilberg analiza la escala y la intensidad de la operación por la que prácticamente se borró de la faz de la tierra a un peblo entero. Una de las principales virtudes de Hilberg es cómo muestra con minuciosidad la complejidad de las estructuras burocráticas y legales que planearon el genocidio. Al fin y al cabo, ésta es una buena lectura para comprender que los desplazamientos forzados de población suelen ser el efecto del ejercicio del poder tiránico y planificado de unos hombres sobre otros.

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